

Milton Cohen, fuerza creativa e innovadora primaria del tan reconocido grupo teatral “ONCE GROUP” originaria de Ann Arbor, Michigan, ha desarrollado desde 1958 lo que él mismo llama “Teatro Espacial” una muy original manera de crear una presentación con proyecciones y actos intermedios mezclados de una manera completamente artística y perfecta. Aunque “Teatro Espacial” es una definición más de concepto que de sistema físico, Cohen continuamente desarrolla y modifica en su estudio elementos ambientales y arquitectónicos que utiliza para sus presentaciones. Todavía el concepto continúa en desarrollo, y como siempre, su principal motivación “Para liberar el cine de su delgada y plana orientación y para presentarlo dentro de un ambiente completamente espacial.
El centro del teatro espacial es un armazón rotante de espejos y prismas ajustables montados en un volante. Alrededor del cual se arregla una batería de luz, películas y proyectores movibles. El movimiento del montaje espejo/prisma en el volante determina la transición de imágenes y cómo las proyecciones se esparcen por todo el escenario. En el pasado, Cohen había posicionado paneles triangulares y rectangulares en todo el espacio, para que ambos sirvieran de pantallas y de puntos estratégicos de interacción en vivo con lo actores del espectáculo. Algunas veces estos paneles eran también movibles de diferentes formas (rotándolos, plegados o inclinados). Operados mecánicamente o a mano de manera a cumplir con la intención con la imagen proyectada.
La presentación más reciente de Cohen fue “Centros: un ritual de alineamientos”. En ésta, la superficie de la proyección es un centro traslúcido circular del cual se suspenden ocho pantallas triangulares. Detrás de cada pantalla había una celda fotoeléctrica que activaba eventos de sonidos y luces estrobos tópicas alrededor de la presentación (algunas veces Cohen utilizaba el sonido amplificado de los proyectores para complementar el ambiente de las imágenes proyectadas), además, detrás del centro, también denominado “punto cero” había un proyector movible.
Las imágenes proyectadas en cada secuencia eran vitales para cada presentación. Cohen adaptó proyectores para manejar ciclos de secuencias de casi veinte pies de altura proyectadas, dando una vuelta completa al escenario cada veinte segundos. Simultáneamente varios esquemas geométricos eran proyectados encima de cada pantalla o secuencia. La audiencia se sentaba en banquillos que no tenían una dirección fija entre sí, en un espacio de veinte pies entre los equipos de proyección y las pantallas. Su atención se centraba entre las pantallas fijas, y las imágenes y secuencias que volaban entre paredes y pasillos, que en conjunto generaban el sentido total de cada presentación.
El sonido de multicanales es electrónico, instrumental y vocal, y se mueve en complejas secuencias entre narrador y narrador. Éste efecto, en palabras de Cohen: “Uno es el sonido volando, el sonido visto, el blanco”. El concepto de “Blanco siendo visto” se traslada a la secuencia de imágenes y proyecciones siendo vistas en el escenario, durante la manipulación de su proyección, en una serie de maniobras que lo único que buscan es ser “el blanco” del espectador. Según Cohen “Cuando se consigue este blanco, el espectáculo trasciende a la siguiente secuencia de imágenes, aunque el rumbo del espectáculo debe ser buscado también por los actores en escena (bailarines y cantantes en vivo, entre otros), y también por la audiencia, que busca los blancos sonoros y visuales. Últimamente debe haber un viaje común por todo lo que se identifica en el lugar que describe en uno solo el centro y el todo”.
El “Once Group” ha explorado otras estructuras además del Teatro Espacial. Aunque su espectáculo más reconocido en Estados Unidos sea “Intercambio no marcado” (1965), donde los actores en vivo interactúan de una manera brusca con la película de Fred Astaire-Ginger Rogers “sombrero de cabecera” proyectado en una única gigantesca pantalla con paneles movibles, persianas y gigantes secciones giratorias. Mientras una pareja cena en una esquina del escenario a la luz de las velas, un hombre lee con un micrófono la novela pornográfica “Historia de 0” al otro lado de la pantalla. Periódicamente una mujer camina como un gato de lado a lado del escenario y en el centro de éste se lanza pasteles en la cara. En otra parte del escenario, un hombre toca el piano, mientras que otros actores bailaban algo del escapismo Hollywoodense de los años treinta.
El centro del teatro espacial es un armazón rotante de espejos y prismas ajustables montados en un volante. Alrededor del cual se arregla una batería de luz, películas y proyectores movibles. El movimiento del montaje espejo/prisma en el volante determina la transición de imágenes y cómo las proyecciones se esparcen por todo el escenario. En el pasado, Cohen había posicionado paneles triangulares y rectangulares en todo el espacio, para que ambos sirvieran de pantallas y de puntos estratégicos de interacción en vivo con lo actores del espectáculo. Algunas veces estos paneles eran también movibles de diferentes formas (rotándolos, plegados o inclinados). Operados mecánicamente o a mano de manera a cumplir con la intención con la imagen proyectada.
La presentación más reciente de Cohen fue “Centros: un ritual de alineamientos”. En ésta, la superficie de la proyección es un centro traslúcido circular del cual se suspenden ocho pantallas triangulares. Detrás de cada pantalla había una celda fotoeléctrica que activaba eventos de sonidos y luces estrobos tópicas alrededor de la presentación (algunas veces Cohen utilizaba el sonido amplificado de los proyectores para complementar el ambiente de las imágenes proyectadas), además, detrás del centro, también denominado “punto cero” había un proyector movible.
Las imágenes proyectadas en cada secuencia eran vitales para cada presentación. Cohen adaptó proyectores para manejar ciclos de secuencias de casi veinte pies de altura proyectadas, dando una vuelta completa al escenario cada veinte segundos. Simultáneamente varios esquemas geométricos eran proyectados encima de cada pantalla o secuencia. La audiencia se sentaba en banquillos que no tenían una dirección fija entre sí, en un espacio de veinte pies entre los equipos de proyección y las pantallas. Su atención se centraba entre las pantallas fijas, y las imágenes y secuencias que volaban entre paredes y pasillos, que en conjunto generaban el sentido total de cada presentación.
El sonido de multicanales es electrónico, instrumental y vocal, y se mueve en complejas secuencias entre narrador y narrador. Éste efecto, en palabras de Cohen: “Uno es el sonido volando, el sonido visto, el blanco”. El concepto de “Blanco siendo visto” se traslada a la secuencia de imágenes y proyecciones siendo vistas en el escenario, durante la manipulación de su proyección, en una serie de maniobras que lo único que buscan es ser “el blanco” del espectador. Según Cohen “Cuando se consigue este blanco, el espectáculo trasciende a la siguiente secuencia de imágenes, aunque el rumbo del espectáculo debe ser buscado también por los actores en escena (bailarines y cantantes en vivo, entre otros), y también por la audiencia, que busca los blancos sonoros y visuales. Últimamente debe haber un viaje común por todo lo que se identifica en el lugar que describe en uno solo el centro y el todo”.
El “Once Group” ha explorado otras estructuras además del Teatro Espacial. Aunque su espectáculo más reconocido en Estados Unidos sea “Intercambio no marcado” (1965), donde los actores en vivo interactúan de una manera brusca con la película de Fred Astaire-Ginger Rogers “sombrero de cabecera” proyectado en una única gigantesca pantalla con paneles movibles, persianas y gigantes secciones giratorias. Mientras una pareja cena en una esquina del escenario a la luz de las velas, un hombre lee con un micrófono la novela pornográfica “Historia de 0” al otro lado de la pantalla. Periódicamente una mujer camina como un gato de lado a lado del escenario y en el centro de éste se lanza pasteles en la cara. En otra parte del escenario, un hombre toca el piano, mientras que otros actores bailaban algo del escapismo Hollywoodense de los años treinta.